Me despierto con el tirón de mi mamá sacándome apurada de la cama, todavía tengo el sueño pegado a la cara... no entiendo nada. Aunque esa sensación desaparece de un momento a otro cuando escucho ¿fuegos artificiales? ¿en Septiembre? no... --me respondo solo--, son las guerrillas en el centro de la ciudad, pero esta vez está demasiado cerca ¿a caso ahora le toca a mi barrio? --mi cabeza piensa y cada vez le llegan mas preguntas, sin respuestas--.
Entre gritos y ruidos de explosiones desarmo la mochila con los útiles de la escuela, hoy parece que no voy a poder asistir. Cargo una o dos prendas y mi mamá me saca del cuarto arrastrándome --mas o menos-- por la escalera de mi casa. Abajo está lleno de gente, todos con los ojos hinchados, busco y me quedo con mis compañeros de aula, ¿esperando que?, escapar, huir otra vez. Esta es la segunda rutina, cuando la primera --ir a la escuela y todo eso-- es interrumpida.
Salimos un grupo con varios adultos --entre ellos mi mamá-- por la parte trasera de mi casa, caminamos, caminamos y seguimos caminando por un largo pasillo... aparentemente tranquilo, hasta que el aire se vuelve caliente, veo polvo y mis oídos se aturden.
Mamá me abraza, por un minuto estoy en el lugar mas seguro del mundo, sus brazos... siento que nada me puede pasar, veo sus labios moverse a un ritmo precipitado, pero no escucho que me dice, solo oigo su sufrimiento.
Hombres uniformados la despegan de mi, es la última vez que la vi.
Señores de otros grupos hacen frente a los uniformados pero todo es en vano, ¡¿a donde se llevaron a mi madre?! --grito pero no me escucho--.
Estoy en un tren, rumbo a quien sabe donde, ¿ire a Damasco?, o ¿seré un esclavo en Alepo?
Soy lo que estaba justo estudiando en historia, un nómade. Una sola mañana, la mañana equivocada, fue la que necesitaron para cambiar mi vida, y estoy preparado, al menos se que en donde esté, voy a hacer las cosas que me toque y las haré bien.
Huelo a pescado y escucho gaviotas... los adultos del grupo rápidamente abren la puerta de los vagones y saltamos apresurados, hay una fila enorme de personas al frente mío esperando cerca de la costa.
A lo lejos se ve un barco, que lentamente se acerca, y mientras mas se achica la distancia, la gente se empieza a alterar... todos quieren subirse, todos sufrieron en Siria y buscan, al igual que yo, un sitio donde, ya con quince años, lo único que nos depara será trabajar.
Gracias por leer mi blog, los espero para mas historias cortas, si te gustó, compartidlo con tus amigos, me ayudarías bastante.
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